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PRI, con la brújula averiada

Enrique Chávez Estudillo


Un candidato ganador y/o un dirigente partidista representativo y legítimo no se improvisan y tampoco pueden sacarse de una chistera, porque en un entorno político democrático y competido, como el que predomina ahora, para que un partido sea en realidad competitivo necesita contar con liderazgos reales, inteligentes e incluyentes y, además, postular a aspirantes triunfadores, aceptados por la sociedad.

Nada de esto ocurre en el PRI de Puebla, que desde que fue avasallado en las elecciones locales de julio del 2010 se metió en un torbellino de errores, imposiciones, improvisaciones y malas decisiones, que desembocó en que, de cara a la contienda presidencial del 2012, se le vea anárquico, desorganizado, presto a la improvisación y tapando y destapando hoyos en cada paso que da.

El problema principal de ese partido en Puebla no es que un determinado personaje sea o no candidato a un cierto puesto de elección popular. Tampoco es un conflicto mayor el hecho de que de un momento a otro se cambie a un dirigente estatal, sin que se haya emitido una convocatoria y sin que el saliente cumpliera el período estatutario para el que se supone había sido electo.

La verdadera desgracia del PRI poblano es mucho más grave que las dos manifestaciones anteriores: el conflicto de ese partido (que durante más de 70 años gobernó Puebla) es que sus mismos representantes, dirigentes y candidatos no respetan los estatutos, tampoco se comportan de manera institucional y mucho menos se toman el tiempo de escuchar a la sociedad o a su militancia.

Desde el año pasado, esta falta de respeto a los estatutos, de empatía con el ciudadano y de respeto a la misma institución llevó al priísmo de Puebla a improvisar a un ex dirigente estatal, que en lugar de trabajar por unificar a la militancia, a los grupos, liderazgos y revertir el rechazo ciudadano se dedicó a flotar en el limbo, sabedor de que un desorden al interior del partido era la única forma en que podía ser candidato a senador, como finalmente ocurrió.

La anarquía, las luchas internas y la misma debilidad que prevalece en dicho partido han impedido que personajes con una buena aceptación social y capital político busquen contender por el PRI en este 2012, ya que nadie que realmente aspire a ganar un cargo de elección popular quiere representar a una fuerza política donde reinan la desunión, las grillas intestinas y la improvisación en todas sus facetas.

Dicen que lo que mal empieza mucho peor termina y eso es lo que puede pasar con el PRI estatal en estos comicios presidenciales del 2012, porque sus dirigentes y representantes nacionales y locales todavía no aprenden a erigirse en un verdadero partido político y a respetar sus propios estatutos.